Fue uno de los primeros comensales de este nuevo y novedoso local en pleno pueblo hatillano y resultó toda una novedad con sus papas fritas trufadas, dumping de cebolla, o sus tacos de salmón. Una coctelera divertida, y un ambiente que ha ido mejorando con el pasar de los meses. Repetí unas tres veces más pero lamentablemente el servicio compensó a desmejorar, desde los parqueros, pasando por las anfitrionas que aunque reserves pretenden que cenes sentado en unos banquitos incomodisimos mientras le dan la mesa a unos recién llegados sin reservacion, hasta los mesoneros que se molestan si le reclames por algo en lo que ellos se equivocaron. Pienso que los propietarios y los encargados dejaron a un lado la formación del personal y por supuesto la etiqueta al momento de brindar y buen servicio Lamentablemente tuvimos que dejar de ir.
