Un lugar sin muchas pretensiones pero que inmediatamente te ambienta en los típicos cafés de cualquier calle de París u otra ciudad francesa. Los poster de Edith Piaf o Aznavour, el menú en pizarrón, el mobiliario, etc,, sin duda transportan. La carta, reducida, pero muy buena: toda la variedad de crepes dulces y saladas, sus frescas ensaladas y la sopa de cebolla, así como sus postres permiten pasar un rato muy agradable en un espacio muy acogedor. El servicio es bueno y esmerado. Muy recomendable para un almuerzo sencillo. La dificultad es para estacionar porque La Carlota es muy complicada entre semana.
