El lugar es mágico, al entrar te sientes en otro lugar totalmente diferente, excelente atención, desde que te abren la puerta hasta irse la atención es A1, apenas terminas un plato un mesonero lo recoge, están pendientes de ti en todo momento para servirte, el mesonero nos hizo recomendaciones muy buenas. Además, ese día habia un violinista que fusionaba su música con la electrónica que tocaba el dj, los calamares fritos de entrada son exquisitos, el fondan de chocolate es para delicioso. para beber recomiendo el mojito de coco o el ying coco yang, todo muy bueno. Volvería una y otra vez a este lugar.
