La decoración es agradable, minimalista y cálida. Hay muchas mesas, y aun a las 8pm el local está lleno. La atención es atenta, amable, y el camarero fue atento. La variedad de postres es un poco abrumadora, y los precios me parecen un poco -muy- altos. Sin embargo, al ver las porciones (compartí una copa gigantesca de helado con brownie) comprendí los precios. Lo mismo pasó con los precios de ensaladas. Y volvería, con más gente, por otra copa con helado.
