La comida es celestial. No compagina con la atención, que raya en el amiguismo-abusador, lástima. Lo terrible es -no por lo pequeño del espacio- la exposición a unos baños en lamentable deterioro y un "desorden-desaliño" apreciado en el entorno. Parece restaurante chino. Una extensión de la carta y más cariño a los aspectos estructura y atención justificarán los precios.
