El restaurante, más que un sitio para ir a comer, es una experiencia que creo vale la pena tener. La vista es simplemente privilegiada, con El Piccacio en frente y la neblina, literalmente uno come entre las nubes. La comida del menú degustación es muy buena aunque si me parece que hay mejores sitios en cuanto a sabores y cantidades se refiere; los platos son realmente pequeños. El servicio de los mesoneros fue muy bueno, sin embargo la atención que ofrecen en la caja es realmente deplorable y no saben atender improvistos ni dar respuesta a los clientes. Contratamos el servicio de transporte y tuvimos que esperar más de media hora pasada la hora acordada por la llegada el chofer, aún cuando había otro señor que tranquilamente pudo habernos bajado a Caracas. La señora de la caja lo único que hizo fue decirnos que nuestro chofer ya estaba en camino, mintiéndonos puesto que el otro chofer lo había visto llegando a Caracas y no de regreso como esta señora decía. De verdad que fue muy desagradable, no sentimos burlados.
