La comida es muy buena, hay mucha más variedad que en la sede del San Ignacio, hay que pedir varios platos ya que las porciones son pequeñas, el ambiente es muy agradable, el menú digital es una idea genial, buena atención... Cuando fuí estaba lloviendo muy fuerte y se fué la luz, ellos resolvieron con velas para las mesas pero tuvimos que esperar hasta que funcionara el punto para pagar e irnos. Los cocteles tambien vale la pena probar.
