Un rinconcito especialmente diseñado para escapar de la cotidianeidad y del trajín de la ciudad. El café y sus variedades son exquisitos, el cheesecake de brownie es tan ingenioso como sabroso (particularmente mi postre favorito en Caracas) y el bombón Amelie abre un mundo de posibilidades en cuanto al disfrute del buen café. El local es pequeño y se llena rápido después de las 4:00pm. El servicio es muy bueno y atento. Recomendado 100%.

