Sitio bien iluminado y con buena ambientación. El pan lo sirven en una cestica de papel, la cual contiene diversos panes. Al ser un restaurant italiano ofrecen diferentes tipos de sopas, pastas, risottos, etc. Además de los platos que aparecen en la carta existen otros platos fuera de la carta como el carpaccio de pez espada, ruedas de cordero de Nueva Zelanda y otros. De entrada se pidió carpaccio de lomito con rúcula y parmigiano o parmiggiano, y el carpaccio de pez espada. Ambos platos estaban muy bien de sabor y presentación. De segundo plato: Tortellonis de queso de cabra con una salsa a base de funghi. Este plato tenía un correcto balance entre los sabores de la pasta con el queso de cabra y la salsa a base de funghi. Ninguno de los sabores predominaba sobre el otro. Para aquellos que les gusta el sabor de los funghi porcini este plato es recomendable. De postre se pidieron el fondant de chocolate y si la memoria no me falla, un postre llamado algo así como mousse 4 sabores. El fondant decepciono un poco ya que estaba un poco seco, cosa que no se debería permitir en un restaurante de esta calidad. El postre de mousse en cambio estaba muy agradable tanto a la vista como al paladar. Son 4 mini mousses, uno de parchita, de caramelo, de chocolate con almendras y de fresa. El servicio en general, muy bueno. Lo malo: La poquísima variedad de vinos por copa. Se pidió vino blanco y sólo tenían de un tipo. Cuesta mucho que le sirvan a uno agua. Los mesoneros parecen olvidarse que el agua también se toma y es buena para refrescar el paladar y disfrutar de la comida. El precio, algo abultado. Esto es lamentable, ya que reduce las posibilidades de querer volver.
