Recientemente, tuve la oportunidad de ir a este lugar con mis colegas de la oficina y mi jefe quien venía de viaje. Lo primero que noté es que no hubo quién nos recibiera en la puerta -mucho menos quién nos indicara dónde sentarnos. Tuvimos que esperar alrededor de unos 8 minutos y luego llamar la atención de algún maître o host para que pudieran decirnos si había una mesa disponible para seis personas. El lugar estaba bastante lleno, pero no al punto de generar una máxima capacidad y tener 0 atención. Una vez ubicados en la mesa, tardaron otros 10 minutos más para que viniera el mesonero a ofrecer las bebidas. Luego de pedir un vino tinto pinot noir, tardaron otros 15 minutos en traer las copas. En ese interín -cuando trajeron las copas, no el vino- pudimos pedir las entradas: un tartar de atún y una ensalada de queso tentación caliente. Vale la pena acotar que tardaron unos 15 minutos más para traer el vino. Hablo por todos al decir que fue muy lento el servicio y exasperante. Luego de unos 20 minutos, pudimos finalmente ordenar. Unos casi 25 minutos más tarde, llegó el almuerzo... con porciones que tampoco eran tan grandes (según tenía entendido, sus platos eran desbordados). La comida en general no estaba mala pero tampoco es algo que pueda recomendar. Luego de almorzar, pasaron unos 10 minutos y pedimos el postre... quisimos probar la Panacotta y, ¿cuál no fue nuestra sorpresa? trajeron un FLAN! con caramelo por arriba y el mesonero increpó que era una Panacotta... seguramente no conoce la diferencia entre uno y otro y, si el chef pastelero hizo esto pues tampoco tiene ni la más peregrina idea de cómo se prepara este postre tradicional. En overall, lo más agradable de esta visita fue la decoración del lugar. De resto, no lo recomendaría ni volvería a ir.
