Muy original el menú, con precios un poco altos, pero vale completamente la pena pagarlos. Los tamaños de las pizzas son generosos, y no "pichirrean" los ingredientes (que además son de muy buena calidad). El ambiente, al menos entre semana, es tranquilo. Ideal para ir a cenar en pareja o con un grupo de amigos. El estacionamiento del pueblo es la mejor opción para dejar el carro. Desde allí hasta el restaurante, solo hay que caminar unas cuadras. Sin duda volvería.


