Es un buen rincón para ir a tomarse un café, comer un postre y sentirse fuera de Caracas por un rato. El cafe glacé es más sencillo de lo que esperábamos pero rico igual que las tartas. Lastimosamente no revisé lo que más recomendaban por aquí antes de ir que son los crepés, así que regresaría para probarlos. La decoración aunque simple, es agradable. El menú y las pizarras en las paredes están todas en francés lo cual le da un toque único al local. Habíamos escuchado que tocaban música en vivo todos los días a eso de las 6 pero el mesero nos comentó que por la situación del país no lo hacen tan seguido como antes. La atención es buena aunque se demoraron un poco en traernos el café a pesar de que la preparación no es complicada. Dos cosas malas en mi opinión: hace muchísimo calor adentro lo cual quita las ganas de tomarse algo caliente, y las mesas se tambalean demasiado (o al menos la nuestra) y es incomodo. De resto me parece un lugar muy único e interesante. Hay que tomar en cuenta que los precios han subido y que no es un lugar del todo económico pero vale la pena visitarlo.


