Hay promociones que invitan y hay promociones que conquistan. La que nos llevó a Casa España este pasado 10 de agosto pertenece, sin duda, a la segunda categoría. La decisión de visitar un restaurante motivada por una promoción establece un marco mental específico en el comensal. El cerebro está en modo de "evaluación de valor". Este es un claro ejemplo de cómo satisfacer y superar esta expectativa a través de una secuencia de estímulos sensoriales y cognitivos bien ejecutados.
El ambiente del restaurante te abraza al entrar: es amplio, acogedor. Es fácil imaginarse el eco de un taconeo flamenco, que según nos enteramos, anima el lugar los fines de semana. La atención, impecable y cálida, confirma esa grata tendencia que se está volviendo una constante en Caracas.
El menú del "lunch" era una promesa de abundancia. La promoción está estructurada para llevar al comensal a través de arquetipos de la cocina española, activando la memoria gustativa.
Comenzamos compartiendo una Fosforera, ese clásico y potente caldo de nuestros mares, que llegó humeante y con una profundidad de sabor que reconforta el alma. Le siguieron dos entradas que son la prueba de fuego de cualquier cocina española: unas croquetas de jamón de libro, con una corteza dorada y crujiente que al romperse liberaba una bechamel cremosa e inolvidable; y unos camarones al ajillo cuyo aroma precedió
su llegada, chisporroteando en aceite de oliva y ajo hasta el último bocado.
El plato principal, un arroz a la marinera para dos, fue el clímax de la generosidad. Servido en su paellera, era un espectáculo visual de colores y texturas. La cantidad fue tan abundante que nos aseguró una deliciosa repetición en casa, un detalle que siempre se agradece.
Para cerrar, la infaltable crema catalana, que llegó con esa costra de azúcar perfectamente caramelizada, lista para ser quebrada con un golpe seco de la cuchara, revelando la suave y perfumada crema debajo.
La elección de un Sauvignon Blanc fue correcta. Su alta acidez funciona como un "agente de limpieza" para el paladar, cortando la grasa del aceite y la riqueza del marisco, lo que permite que cada bocado del arroz se sienta tan fresco como el primero, evitando la saturación sensorial.
Casa España demostró que se puede ofrecer un precio atractivo sin sacrificar ni un ápice de calidad o cantidad. Una invitación que superó todas las expectativas.
Este domingo 6 de abril madrugamos, para ir a desayunar a MAIZ en Chuao. Las arepas, empanadas y cachapas solo se cocina con maíz pilado. Hacia falta un lugar así.
Hay que ir muy temprano y solo aceptan reservas para grupos de mas de 8 personas.
Lugar muy típico con una carta muy criolla, con desayunos clásicos de toda Venezuela desde occidente a oriente pasando por el desayuno llanero.
El restaurante se encuentra en una casa grande donde le agregaron unas cuantas mesas.
El servicio es impecable y la coordinación entre los mesoneros y la cocina está muy bien regulada. No paraban de salir bandejas con platos de la cocina a las mesas y era un personal que sacaba la comida y otro (los meseros) los que indicaban que mesa y ayudaban a servir.
Al llegar pedimos nuestro papelón con limón y nos trajeron las salsas para acompañar el desayuno
Empezamos con un picadillo Llanero que lo dividimos entre dos por lo grande. Muy bueno. Los ingredientes usados son de primera.
Seguimos con una Empanada de la Porteña, [camarones, tajadas y queso]. Algo diferente pero con una particularidad que co cada bocado te ibas enamorando mas del sabor.
El desayuno Llanero [bollitos floreños, frijoles refritos, pisillo de Baba, nata aguacate y queso rallado] Muy bueno con la sazón criolla. La cantidad servida es justa.
Pasamos un rato verdaderamente agradable
Cada semana tienen algo especia
Casa España
Hay promociones que invitan y hay promociones que conquistan. La que nos llevó a Casa España este pasado 10 de agosto pertenece, sin duda, a la segunda categoría. La decisión de visitar un restaurante motivada por una promoción establece un marco mental específico en el comensal. El cerebro está en modo de "evaluación de valor". Este es un claro ejemplo de cómo satisfacer y superar esta expectativa a través de una secuencia de estímulos sensoriales y cognitivos bien ejecutados. El ambiente del restaurante te abraza al entrar: es amplio, acogedor. Es fácil imaginarse el eco de un taconeo flamenco, que según nos enteramos, anima el lugar los fines de semana. La atención, impecable y cálida, confirma esa grata tendencia que se está volviendo una constante en Caracas. El menú del "lunch" era una promesa de abundancia. La promoción está estructurada para llevar al comensal a través de arquetipos de la cocina española, activando la memoria gustativa. Comenzamos compartiendo una Fosforera, ese clásico y potente caldo de nuestros mares, que llegó humeante y con una profundidad de sabor que reconforta el alma. Le siguieron dos entradas que son la prueba de fuego de cualquier cocina española: unas croquetas de jamón de libro, con una corteza dorada y crujiente que al romperse liberaba una bechamel cremosa e inolvidable; y unos camarones al ajillo cuyo aroma precedió su llegada, chisporroteando en aceite de oliva y ajo hasta el último bocado. El plato principal, un arroz a la marinera para dos, fue el clímax de la generosidad. Servido en su paellera, era un espectáculo visual de colores y texturas. La cantidad fue tan abundante que nos aseguró una deliciosa repetición en casa, un detalle que siempre se agradece. Para cerrar, la infaltable crema catalana, que llegó con esa costra de azúcar perfectamente caramelizada, lista para ser quebrada con un golpe seco de la cuchara, revelando la suave y perfumada crema debajo. La elección de un Sauvignon Blanc fue correcta. Su alta acidez funciona como un "agente de limpieza" para el paladar, cortando la grasa del aceite y la riqueza del marisco, lo que permite que cada bocado del arroz se sienta tan fresco como el primero, evitando la saturación sensorial. Casa España demostró que se puede ofrecer un precio atractivo sin sacrificar ni un ápice de calidad o cantidad. Una invitación que superó todas las expectativas.
El Maíz Nuestro
Este domingo 6 de abril madrugamos, para ir a desayunar a MAIZ en Chuao. Las arepas, empanadas y cachapas solo se cocina con maíz pilado. Hacia falta un lugar así. Hay que ir muy temprano y solo aceptan reservas para grupos de mas de 8 personas. Lugar muy típico con una carta muy criolla, con desayunos clásicos de toda Venezuela desde occidente a oriente pasando por el desayuno llanero. El restaurante se encuentra en una casa grande donde le agregaron unas cuantas mesas. El servicio es impecable y la coordinación entre los mesoneros y la cocina está muy bien regulada. No paraban de salir bandejas con platos de la cocina a las mesas y era un personal que sacaba la comida y otro (los meseros) los que indicaban que mesa y ayudaban a servir. Al llegar pedimos nuestro papelón con limón y nos trajeron las salsas para acompañar el desayuno Empezamos con un picadillo Llanero que lo dividimos entre dos por lo grande. Muy bueno. Los ingredientes usados son de primera. Seguimos con una Empanada de la Porteña, [camarones, tajadas y queso]. Algo diferente pero con una particularidad que co cada bocado te ibas enamorando mas del sabor. El desayuno Llanero [bollitos floreños, frijoles refritos, pisillo de Baba, nata aguacate y queso rallado] Muy bueno con la sazón criolla. La cantidad servida es justa. Pasamos un rato verdaderamente agradable Cada semana tienen algo especia