Maravilloso desde que atraviesas el recibo con sillaa de hierro forjado para los fumadores empedernidos o quienes quieran esperar al Valet. El Capitán es muy amable y recibe con cordialidad, a pesar de ser un sitio muy informal. Atravesar el salón y mirar la decoración, es saber que no estás en un lugar común. Los meseros, sumamente educados desde que te sacan la silla hasta que les dejas la propina. La comida es bastante regular, nada de aspiraciones rimbombantes. Muy modesto. Las berenjenas crocantes fueron lo mejor de la jornada, así como el té frío natural que preparan en el restaurante. Lo recomendaría, y volvería a ir.
