Sencillo y bueno. Un tesoro gastronómico escondido en Chacao, a pocos metros de la iglesia. Algunos de sus platos alcanzan la perfección. No defrauda y la atención no es mala, aunque podría mejorar. Pruebe sus cremas, su tabule, sus kafta y sus dulces caseros. Alta ocupación en horas pico. Un poco ruidoso dentro y afuera, pero soportable por la calidad de su comida. No hay estacionamiento cerca. Venga caminando.
